Cuenta la leyenda que cuando las comarcas de la actual Tandil eran habitadas por los indios, Amaike (agua clara o tranquila), la hija del cacique de la tribu que vivía en las Sierras, se destacaba entre sus pares por ser excelente jimete, por no temer a la oscuridad y por su extraordinaria habilidad para desplazarse entre los cerros. Estás virtudes le sirvieron para ayudar su tribu cuando el blanco llegó para apropiarse de sus tierras, ganados y mujeres. En la Campaña del Desierto, el ejército había diezmado a su paso a varias tribus y solo consiguieron escapar algunos pocos "bravos", entre ellos Yanquetruz, proveniente de los bajos del Salado, quien al ver en un atardecer a Amaike, que sigilosamente se deslizaba de una piedra a otra espiando a los blancos, se enamoró perdidamente de ella. El gobierno preocupado al no poder dominar a los indios solicitó refuerzos. Luego de varias emboscadas, consiguieron atrapar a Amaike y llevarla al fuerte, pero ésta logró escapar esa mis...
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